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RIMAS PORFIADAS

No puedo competir con el imperio
de ciertos resplandores, con el brillo
azul de algunas noches, con el serio
dominio (que con golpes de amarillo)
ejercen los planetas en el cielo,
causándote el más plácido desvelo.

No puedo competir con el misterio
celeste, con su manto aguamarino,
no puedo derrapar con el criterio
falaz de pretender ser tu destino.
No puedo ambicionar que vos suscribas
tenerte -como quiero-en exclusiva.

No puedo competir con el reinado
supremo de la luna, con la perla
que habita en el lucero ni el plateado
fugaz que toda estrella da al perderla.

Pero aunque nunca pueda competir,
sabrás que ¡no me pienso rendir!