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EL SÍNDROME DE DON QUIJOTE
















He vuelto de mis arduas aventuras
y del ávido afán de conquistarte
con el alma agotada de buscarte
y partida en mitades la armadura.


El caballo cansado de insistir,
los hierros oxidados en la lanza,
las alforjas vaciadas de esperanza
y el cuento sin final por escribir.


Me quedan los Sanchos, los consejos,
recuerdos gloriosos de Molinos,
la luz de la tarde en tus caminos
y el mar de tu nombre en mis espejos.


Se me ha vuelto una campaña muy dura
volver a militar en La Cordura.