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LA VERDADERA BELLEZA













El sol acuña febrero
con su precinto de oro,
le sale luz por los poros
a las piedras del cantero,

y hay un atisbo de acero
en las rosas que quedaron
y que no se acobardaron
con tanta temperatura,
que las dobla en hermosura
en pago a que no menguaron.

Lo bello se mide así.
Con varas ciegas, que pesan
en balanzas de belleza
para nada baladí.

No se cotiza el rubí
por rojo ni por brillante,
ni tampoco los diamantes
se encumbran por su belleza.
Si no tuvieran dureza
serían irrelevantes.

Como pasa con algunas
mujeres, que a más valor,
duplican su resplandor
con insolencia ninguna,

pero con gracia de cuna
van por la vida brindando
lecciones de fe y probando
que guarda la resistencia
un plus de magnificencia,
de alada y divina cosa.

( Como ocurre con las rosas
a que hacía referencia…)