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NO NOS HIZO FALTA PARÍS












No hubo, lo sabés, torre ni luna,
no hubo, mon amour, más que trigales
brillando bajo el sol como puñales,
y nosotros, sin timidez alguna.



Un comercio ilegal en nuestras manos,
el robo a mano armada de caricias,
la salva inenarrable de delicias
de aquel paradisíaco manzano.


Obrando de testigos, las cigarras,
del fuego de la siesta poseídas,
los besos restañando las heridas,
los dedos del reloj como dos garras.





Y ajeno, como luz en los espejos,
París nos envidiaba desde lejos.