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EPITAFIO PARA UN GRAN AMOR







I

Aquí yace soterrado
bajo idílicos verdores
y las más hermosas flores,
un amor divinizado.

El madero improvisado
da señal de sepultura
y destaca en la llanura
su montículo luctuoso
como un altar silencioso
erigido con mesura.


II

Han escrito con cuidado
las dos fechas sin los nombres,
porque es cosa de los hombres
proteger lo que han amado,

ocultar lo que han errado
y enterrar porque se ha muerto
el retal de un desacierto
(bajo el signo de la cruz
y al amparo de la luz)
para cerrar el entuerto .


III

El amor que es de esta laya
cobra vida de repente,
permitiendo a quien lo siente
ser feliz desde que estalla,

pero un mal día, se calla,
y a un tiempo: resigna y cesa,
como un sueño que ni empieza
y abortado por Natura,
no encuentra ni paz ni cura
en otro lar que una huesa.


IV

Lo bueno de estos amores
es que se suelen morir
mucho antes de sufrir
rutinas, penas, dolores…

Entonces, los sinsabores
no alcanzan a propagarse,
y solo la miel se esparce
como recuerdo en las bocas,
dejando para las rocas
la hiel en su afán de hincharse.


V

La esencia de lo perfecto
no engarza con lo terreno,
sin embargo, todo es pleno
edénico y sin defecto

mientras nos dura su efecto;
hasta que expira agotada,
y a la muerte inesperada
va la suerte del envés,
matando a dos de una vez
de una sola puñalada.


VI

Si alguna vez, peregrino,
en tu camino toparas
con esa tumba y dejaras
con un gesto cervantino,

una flor. A mi destino
habrás rendido el honor,
porque allí duerme un amor
que con fervor, he sentido,
y que vivir no ha podido
¡quién sabe por qué factor!


VII

Sospecho que supo bien
y antes que yo, que seguir
equivaldría a existir
malherido en el arcén.

Entonces, tomó ese tren
al que suben los valientes
y apretando bien los dientes,
me dijo Adiós, con dulzura,
con idéntica ternura
conque el sol muere en las fuentes…

para evitar desvirtuarse
o que la noche lo hiera,
no encontrando otra manera

que morir para salvarse.