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LA MILONGA DEL ESPEJO














I

Te parecés a mi espejo.
Te movés si yo me muevo,
si miro, no hay nada nuevo
y te vaciás si me alejo.

Te enfrento y no sorprendés,
solo hablás si yo te hablo
y cara a cara al retablo,
hacemos todo al revés.

Carajo, te parecés…
sos pulido, transparente,
cauteloso y reticente
de la cabeza a los pies.

II

Te parecés a mi espejo
espiando en mi dormitorio
como un fantasma en velorio,
jugando con mi reflejo.

Y aunque trato de empañarte
con mi aliento de volcán,
como llegaron, se van
mis húmedas huellas. Parte

de mí se quedó atrapada
en tu cristal silencioso,
cuyo juego misterioso
es una dulce emboscada.

III

Te parecés a mi espejo…
Estoy dentro, pero afuera,
y una invisible barrera
nos mantiene cerca y lejos.

No puedo dejar de verte,
me conformo con mirarte
resignada a no olvidarte
y a tenerte sin tenerte.


IV

Te parecés a mi espejo,
si no te encaro no existo,
a tu atracción no resisto
y me esfumo si te dejo.



Intentar el gesto loco
de calar en tu entramado,
daría por resultado
sangrar en tus vidrios rotos.

Yo quisiera destrozarte
y matarte de un golpazo,
pero me haría pedazos
tratando de aniquilarte.




V

Entonces, vuelvo a mi quicio,
y en lugar de hacer impacto,
abro la mano, retracto,
y sin hablar… te acaricio.