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LA MILONGA DE LA RUBIA Y EL PICAFLOR















I

Anda con males de amor
Ivonne, la rubia de enfrente.
Anda diciendo la gente:
¨se le voló el picaflor…¨

El hábil multicolor
no perdonaba jardín
y era un dilema sin fin
el vuelo de este señor,

que abusando del jaleo
picaba a ¨la Margarita¨
sin que le tiemble una alita,
y ahorrando cualquier rodeo,

se cambiaba de glorieta,
improvisaba un gorjeo,
ocultaba el ajetreo
y picaba a ¨la Violeta.¨


II

Hasta que tanta pirueta
llegaba hasta la vecina,
se transformaba en inquina,
dejaba de ser secreta,

y era una espada completa
sembrada con desazón
en su pobre corazón,
cizañando los trigales
y clavando cien puñales
en el pecho de ¨la Ivonne¨.



III

Es que esa clase de ardor,
que no es azúcar ni es paño,
provoca un dolor extraño
y una pena por color.

(¡Si sabrán de ese amargor!
mi pecho desvencijado,
mi corazón destrozado
y mi harapienta alma en pena,
que están cumpliendo condena
sin haberse resignado).



IV

Volviendo a ¨la Ivonne¨, se advierta:

que Él piensa que se escapó,
y Ella declara que: ¨No.
Que dejó la puerta abierta.¨

Y aunque no guarde rencor
ni muestre arrepentimiento,
está apagada la flor...
(Al menos por el momento).


Las cuitas del corazón
te roen como una lima
y en apariencia, ¨la Ivonne¨,
se sacó un peso de encima.

Porque si vuelan los platos,
mejor la ausencia total,
que la presencia de a ratos
con efecto residual.





V

Y, calculando los daños…

NO- HAY, Mademoiselle ¡no insista!

amor que dure cien años,

ni cuerpo que lo resista.