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EPITAFIO PARA UN TINTERO Y SU DUEÑA


El tiempo transcurre y las cosas ocurren,
pero no es desatinado pensar
que cumplido un determinado ciclo
y experimentado un proceso necesario, 
(doloroso quizás pero innegablemente enriquecedor)
todo vuelve a su atributo original.



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¿Qué restará por hacer…? Le pregunté a mi tintero.
De laberintos, más nada; de espejos, se ha dicho todo.
Lo que escribieron mis manos ¿lo he de borrar con el codo
tan sólo porque –jamás- de vos me llegó un ¨Te quiero¨?


¿Y ahora qué vamos a hacer…? Me mira raro el tintero.
Me miran raro las hojas, el monitor intangible
y este teclado aburrido de publicar lo imposible,
de reclamar lo perdido, de acariciar el acero.


¿Qué más podemos hacer…? Lo miro al pobre tintero.
No sabe de qué escribir. Estamos solos los dos.
¡Cómo nos cuesta decir que nos quedamos sin vos!
¡Cómo nos duele aceptar que nos quitaste los fueros!


Y en esta noche tan clara,  donde ¡por fin! no deliro…
¡cómo nos pesa admitir que nos pasaste a retiro!