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OTRA VERSIÓN DEL ÚLTIMO VESTIGIO


Si el transcurrir impiadoso
del tiempo me concediera
que todo lo que fue Amor
en desamor se convierta,

si la risa muta en llanto,
si la dicha torna en pena,
o nace un gris descampado
donde ayer fue buena tierra.

Si se volviera un diamante
el corazón que te espera.
Si se cubriera de acero
la piel que estaba sedienta.

Si prescindiera de besos
la boca que estuvo hambrienta
porque el mendrugo de pan
se le negó con firmeza.

Si la Moira, sin piedad,
hoy convirtiera en arena
la sal que antaño brotaba
en el mar de entrambas piernas.

Si se engendrara un puñal
de una caricia. Si muertas
fueran las palmas que buscan
una mano y no la encuentran.

Si el profano devenir
del tiempo me prescribiera
que un vuelo celeste y franco
termine en fugaz estrella.

Si un pájaro que fue herido,
con su alma de nubes negras,
regenerara en serpientes
mal nacidas y rastreras.

Si este raudal de ¨te quieros¨
se transformara sin vueltas
en el eco desolado
que sucede a las tormentas.

Si esta voz que cuenta sílabas
codificara sus letras.
Si el silencio le ganara
a los versos la contienda.

Si el Ejército del Odio
mi espíritu poseyera,
o el fantasma del Olvido
con sus alas polvorientas,

con su risa desdentada,
con su guitarra sin cuerdas,
con sus sábanas glaciales
y su olor a flores muertas

(porque el Azar lo decida
o si el Destino lo sella)
infectara cada pétalo
de margaritas deshechas.

Si el viento se encaprichara,
al golpear sobre las piedras,
en destrozar la esperanza
con el rigor de una flecha.

Si todo lo enumerado
esta noche sucediera…
aún quedaría esta página
envejecida y desierta

como testigo indudable,
como arquetípica prueba,
de que hubo un Amor capaz
de eternizar un poema.

Nada ni nadie podrá
tumbar estar torres viejas,
aunque se cubran de polvo
y soledades sus letras.

¡Más allá!  de no poder
evitar que el Amor muera
en mis brazos, como Cristo,
por pura salvación nuestra.