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LAS CAUSAS- centones-



El centón
(Del lat. cento, -ōnis)
es una obra literaria, en verso o prosa,
compuesta enteramente, o en la mayor parte,
de sentencias y expresiones propias y ajenas.



Cuando el Poeta español Manolo Jiménez me explicó qué cosa era un ¨centón¨, le dije que me parecía una reverenda estupidez.


Cuando me mandó hacer algunos, los hice, y ratifiqué mi llana opinión de que me parecían inútiles y estúpidos.


El abnegado caballero debió lidiar con aquellos conceptos tan lamentables que salieron de mi irreverente inexperiencia, con la gentileza y paciencia que lo caracterizan.




Nunca, desde esa remota época, volví a armar uno, hasta que hace como… un rato, sentí la necesidad de intentar ese ejercicio literario. La íntima necesidad de decir algo, a través de palabras sublimes escritas por otro, mezclando de forma hereje y osada las propias palabras, y como atisbo incierto de homenaje a uno de los escritores que más admiro.


Elegí- porque quise- la siguiente hechura:


a)
Usar mi poema favorito de mi autor favorito.


b)
Insertar cada un verso ajeno, un verso propio.


c)
Resignar- por hoy- la obcecación por rimar.


d)
Respetar rigurosamente el endecasílabo y el ritmo que impone el Maestro, para no injuriar (aún más) la delicadeza de su obra.


e)
Transcribir sin intercalar versos propios, las dos líneas finales de autoría del Maestro, porque cifran el poema y abarcan lo que quiero transmitir en la estructura total del texto.






LAS CAUSAS (centón)
elaborado con versos del poema de Jorge Luis Borges



Los ponientes y las generaciones.
La sombra de tus noches y mis lágrimas.
La frescura del agua en la garganta
de Adán. El ordenado Paraíso.
Las risas y un secreto entre las sábanas.
El amor de los lobos en el alba.
Mi voz que hirió de muerte a tu silencio.
La Torre de Babel y la soberbia.
El precio por tenerte y por perderte.
Las arenas innúmeras del Ganges.
El íntimo misterio, el mismo libro.
Las manzanas de oro de las islas.
El fuego y el recuerdo de las siestas.
El infinito lienzo de Penélope.
El eco de la lluvia en los cristales.
La moneda en la boca del que ha muerto.
Mi terca voluntad de un juramento.
Cada gota de agua en la clepsidra.
La unión de dos senderos bifurcados.
César en la mañana de Farsalia.
La eterna finitud de tus ausencias.
El ajedrez y el álgebra del persa.
La cárcel que me habita. La distancia.
La conquista de reinos por la espada.
Mi sangre que fue tinta y fue poema.
El eco del reloj en la memoria.
La dulce evocación de lo imposible.
El polvo incalculable que fue ejércitos.
Damócles, que es el tiempo amenazándonos.
La escrupulosa línea del calígrafo.
La fuerza inmensurable de un deseo.
El naipe del tahúr. El oro ávido.
Mi error de pretender torcer destinos.
Cada arabesco del calidoscopio.
El sur desdibujado en una brújula.


Que yo inventara un mundo de poesía...









Se precisaron todas esas cosas
para que nuestras manos se encontraran.