
Escondo versos en cien libros
(tácitos)
en anaqueles que aún no existen
(mágicos)
y en esas letras que aún no ves presiento
que quizás soplen a favor los vientos,
para marcarnos
- por azar o sino -
un rumbo en el camino.
Tengo testigos, no he plantado árboles,
tal omisión me ha mantenido impávida
porque la flora no es mi pasatiempo;
y si proclamo que me pesa, miento.
¿Compensará esa incuria, cuatro hijos?
Que sí, que sí, colijo…
Ya que no pude ser tu dueña
(trágico)
y como zorra entre las uvas
(mítico)
me he repetido: -¨No puedo tenerte¨;
guardo esperanza en la remota suerte
de perpetuarme en vos (no sin esfuerzo)
con mi aluvión de versos.
Si el sueño fragua con final fantástico
y se cumpliera ese objetivo único,
podré decir con íntima alegría
que en tu anaquel vas a guardar un día
cifrada en tapas y papel
mi historia,
mi amor y mi memoria...