
A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.
Jorge Luis Borges
Lejos de querer emular al Maestro, la disposición de ¨rimas en espejo¨ (permítanme la osada denominación) que propone en su Arte Poética es irresistible, y dan como ganitas de jugar su juego.
Pensar que era imposible fue un error,
quizás porque creerlo era más fácil
que andar por el sendero menos fácil
temiendo cometer un peor error.
Pero ahora que metió el dedo en los clavos,
sus pies van caminando sobre rocas
que hieren como hieren esas rocas
forjadas con esquirlas y con clavos.
Entonces, hoy la enorme encrucijada
discurre en un vaivén dubitativo,
que ya no puede ser dubitativo,
forzando a resolver la encrucijada.
Saber qué ocurrirá es cuestión de tiempo…
se ha dado vuelta un cruel reloj de arena
que cuando se vacíe de esa arena,
hará que ella comprenda que ya es tiempo…
Y así, la vida va a extender los brazos
y va a rodearla al fin con su destino,
mostrando que no existe otro destino
que no sea morir entre sus brazos.
El mapa está trazado claramente,
y aunque uno va esquivando sus etapas,
la hora de cumplir esas etapas
se va manifestando claramente.
Un hombre (cuyo nombre está prohibido)
no sabe todavía que aunque quiera,
no va poder sortear que ella lo quiera,
tornando en aceptable lo prohibido.
Un hombre que se niega tantas veces
termina boicoteándose a sí mismo,
y luego se arrepiente… ¡Pedro mismo
lloró su negación más de tres veces!
Se apagan los espejos de esta rima
chocando tercamente las palabras,
ustedes saben bien que mis palabras
no saben caminar, si no es con rima...