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EL PRECIO DE LA CORDURA




I
Hasta El Quijote un buen día
o un mal día... - no lo sé-
aceptó perder la fe
y resignar su utopía.
Será porque no hay porfía
que subsista eternamente,
por más de que quien detente
defecto tan obstinado,
se jacte de ser porfiado
adelante de la gente.
II
No sabemos -nadie sabe...-
si Don Alonso Quijano
era en verdad tan insano,
o apenas- si acaso cabe-
un cuerdo que vio en la llave
de la locura el camino
para cambiar su destino
por un mejor existir,
y para siempre vivir
en un recuerdo divino.
III
Si hasta el Quijote entendió
que solo fue una locura
su imaginada aventura
y juicioso, retractó.
Me pregunto: ¿Por qué yo
no he de pensar que en un rayo
debo bajar del caballo
al que subí delirando,
y en el que sigo avanzando
con un derrotado sayo?.

IV
Estoy perdida en el ancho
erial cubierto de espinas
rumiándome las inquinas
sin gloria, ni amor, ni Sancho.
Y está tan lejos mi rancho,
que no hay forma de volver
ni alguien allí para ver,
porque no soy la que he sido
cuando de allende he salido.
(Ni tampoco quiero ser…)
V
Así, que … ya terminando
estas décimas con Mancha,
he de firmar que se ensancha
la sombra y me va marcando:
que en este sendero, poco
le queda de andar al loco
espíritu que me anida,
y que si aspiro a más vida,
he de curarme el descoco...







¨Dos Caminos Bifurcados¨ :)
ya distingo con los ojos,
y con mis pobres despojos
debo elegir un costado;
sabiendo que la premura
es renunciar a tu Cielo,
pagando con desconsuelo
el precio de la cordura.