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LA MILONGA DEL VOLANTAZO


















I

Tan cansada estoy de mí,
que he pensado en redimirme,
y no es que quiera agredirme
esta tarde, porque sí,

sino es porque decidí
corregir una tendencia
que me tiene en abstinencia
de mejores decisiones
y otra medida de acciones,
con lógicas consecuencias.



II

Cuando el espejo te muestra
a aquél que nunca serías,
hay que tener la osadía
de saltar a la palestra

y a derecha y a siniestra
(cuando ya nadie nos ve)
dejar sentado con fe
que el rumbo se cambiará,
y por ende, no será
ya nunca más el que fue.



III

Ergo, le doy cesantía
a la pena que me habita
y a la nostalgia infinita
que me oscurece los días.

Se queda la cobardía
de patitas en la calle,
y puede que la ametralle
sin dar la menor excusa
si mañana se me cruza
(y no supongo que falle).



IV


En cuanto al amor, declaro
receso de privaciones.
Que vayan los corazones
encontrándose un amparo,

y se ensamblen, con descaro,
en perfecta confluencia.
No hay que buscar sin licencia
agua dulce en el desierto,
(¡ con tanto ríos abiertos !
¿para qué sufrir carencias…?)



V

Si quisieras encontrarme,
alcanzarme, acogerme…
te aclaro que, para verme,
vas a tener que buscarme.

La historia esa de arrastrarme
a los fines de que vos
¡como si fueras un dios!
me des un poco de bola,
se murió aburrida y sola
de frío, de fiebre y tos.




VI

Los volantazos se pegan
con fuerza y en un instante,
para seguir adelante
o nunca jamás se pegan.

Cuando las sombras te ciegan
hay que dar luz enseguida,
y replantearse la vida
para buscar mejor suerte,
porque no hay nada más fuerte
que una mujer decidida.































Los volantazos se pegan
con fuerza y en un instante,
para seguir adelante
o nunca jamás se pegan...