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LA CHISMOSA



La chismosa.


Quiebra el aire con su voz,
y lo quiebra todo el día…
Si a veces parecería
que si no hablara de vos,
-y sin la venia de Dios-
de aquél, de éste, de todos,
siempre y hasta por los codos,
no puede hacer otra cosa.

La chismosa.


Con vida ajena se ensaña
por nunca mirarse a sí,
y se va metiendo así
con lento paso de araña,
sacudiendo su guadaña
sobre todas las cervices
sin respetar directrices,
y de forma vergonzosa.

La chismosa.


Tiene una lengua tan larga
que de bufanda la usa,
y sin la menor excusa
(pues culpa alguna la embarga)
transporta pesada carga
que al cuello le da seis vueltas
de lengua pura y resuelta
a dar cháchara latosa.

La chismosa.


Se cuida de no morderse
por no sufrir en su seno
el implacable veneno
que destila sin caerse,
pues no deja de meterse
con el mundo conocido,
que con nombre y apellido
la sufre por peligrosa.

La chismosa.


¿Quién va juzgando mis pasos
sin los suyos vigilar?
¿Quién se anima a sentenciar
sin juicio previo en los casos?
¿Quién, a lo Judas, da abrazos
y besos tan traicioneros?
¿Quién va moviendo el trasero
como raya venenosa?

La chismosa.


¿Y quién en el propio sarro,
tarde o temprano, algún día,
hundirá su hipocresía,
como pisada en el barro?
¿Quién- mierda del mismo tarro
en el que escupe sin culpas-
comerá y dará disculpas,
por charla tan venenosa?

¡La chismosa!