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POEMA PARA UNA REINA






Desde que es Tierra, la Tierra,
Fuego el Fuego, Aire el Aire,
y envoltura escurridiza
toda el Agua inabarcable;

desde el origen del Mundo,
hasta los días actuales
y por todas las futuras
horas que falten sumarse,

la Belleza fue caricia
al ojo humano en paisajes,
en cielos de azul profundo,
en el turquí de los mares,

en el cristal de la lluvia,
el oro de los trigales
y sobre todo en el brillo
de las flores naturales.

¿Quién no detuvo en las rosas
su marcha presta, un instante?
¿Quién no quedó arrebatado
ante jardines triunfales?

Sin embargo, bien sabemos,
y decirlo aquí, nos cabe,
que no habrá jamás Belleza
parecida o comparable

a la que porta una Dama,
dueña del fino donaire
de ir arrancando suspiros
cuando al paso, corta el aire.

Y si esa hermosa mujer
sonríe, la luz se expande,
la frescura se declara
y el resplandor nos invade.

Entonces, el mundo entero,
REINA de todo la hace,
nombrándola Soberana
de criaturas y paisajes.

Y agradece su existencia
sobre un trono de diamantes,
y pone manto y corona
a su gracia inigualable.